Historia de cómo una manzana se transformó en guisante, una princesa en científica y yo en #cuentacientíficas

Cuando las chicas del 11F en Zaragoza preparábamos la presentación de la iniciativa para la Noche de los investigadores en septiembre de 2017, nuestra idea era montar un juego en el que las protagonistas fuesen mujeres científicas, ingenieras o tecnólogas. Queríamos encontrar iconos para las mujeres, algo que las personas pudiesen asociar a las científicas, de la misma forma que Newton tiene la manzana.

Nos reunimos todas en mi casa. Empecé a plantear la idea:

Cada mujer científica necesita un icono, como se suele representar a las personas ilustres en los sellos o en los billetes. Tendremos una pizarra magnética con las fotos de las mujeres, sus iconos en las mesas y le pediremos a la gente que los relacione.

Raquel, la matemática del grupo, dijo tajante:

No lo veo

Y yo me preocupé, si no lo ve la matemática tal vez hay algún fallo en el planteamiento que yo no veo… así que pregunté:

¿Qué es lo que no ves?

y contestó:

A ver, estamos hablando de la noche de los investigadores.

¿Has estado alguna vez en la Noche de los Investigadores?

 

¡Cachis! ¡Ese era el problema! Yo no había estado nunca en la noche de los investigadores…

Ella me explicó:

Los investigadores llevan sus descubrimientos, son talleres y demostraciones muy chulas. Vamos a competir con TINTA INVISIBLE, magnetismo, levitación… y a nuestras mujeres no las conoce nadie, NADIE.

Repliqué (un poco picada, lo confieso)

Yo no compito

Pero en décimas de segundo una bombilla se encendió en mi cabeza. No me iba a rendir, tal vez sí que había que competir, teníamos un objetivo. Así que seguí hablando:

De acuerdo, ellos llevan “tinta invisible”, pero nosotras tenemos mujeres poderosas, pioneras, MUJERES INVISIBLES, no están en los libros de texto, no te las cuentan, no se habla de ellas en los colegios… Raquel ¿qué es lo que necesitamos para que funcione?

Vi como en la cabeza de Raquel también daban vueltas las cosas, maquinando una estrategia:

Tenemos que darle a la gente la información. Tal vez con unas cartas

Y todas lo vimos claro

Hagámoslas

Estábamos ya manos a la obra imaginando esas cartas, cada mujer con su manzana, como Newton. Y entonces llegó Julia, la física, y  dijo:

Lo de la manzana es mentira.

Si quieres un icono para Newton ponle un prisma…

Yo pensé, “cachis” si una física me dice esto tal vez tengo que hacerle caso, pero repliqué:

Es una mentira que funciona, todo el mundo la conoce y los prismas no se compran en el mercado.

Entonces no recuerdo si fue Rocío, Raquel, Juana o la misma Julia, o si lo dijeron todas al unísono:

Águeda, si quieres algo que se compre en el mercado entonces ¿por qué no los guisantes de Mendel?

La idea me pareció fantástica. Mi padre es genético y desde que soy pequeña, cualquier pregunta por sencilla que pudiese parecer tenía una respuesta que empezaba o con el origen de las especies de Darwin o con alguna explicación basada en los guisantes de Mendel.

Bueno, probablemente no era así, pero sí es la broma que le hacemos a mi padre, porque nosotras queríamos la respuesta concreta a la pregunta y él, con buen criterio, pretendía solo guiarnos y que la deducción fuese nuestra…

Nuestra deducción final fue: “Si quieres una respuesta rápida pregúntale a mamá, si tienes tiempo habla con papá…”. Pero, volviendo a la cuestión, el caso es que pasamos de un icono a otro: de la manzana al guisante.

Queríamos encontrar para cada científica un icono, un guisante.

Quedamos en preparar unas cartas con la información básica de cada científica por una cara y “su guisante” en la otra.

Trabajaríamos entre todas los textos de las cartas y Rocío se encargaría de darle forma. No teníamos mucho tiempo, solo quedaban dos semanas para la gran noche. Yo me encargaría de preparar el panel magnético. Con unas lupas los participantes podrían buscar los guisantes magnéticos en los que representaríamos el descubrimiento, invento o principal área de trabajo de la científica en cuestión. El juego consistiría en llevar este guisante desde la mesa hasta la pizarra magnética donde estarían colocadas las fotos de las mujeres científicas. En la mesa estarían las cartas con la información (además las cartas ya serían un juego independiente también).

Con esta idea se terminó nuestra primera reunión de trabajo, las chicas se fueron a sus casas.

Yo estaba agotada, como si hubiese estado metida en una tormenta. Y al mismo tiempo feliz, porque empezaba a verle forma a la idea que ya llevaba tiempo rondando en nuestras cabezas.

Rocío me llamó una hora más tarde:

Águeda, yo me había imaginado en la mesa una cesta con manzanas y claro, un plato de guisantes no va a ser lo mismo…

Imaginé aquel plato de guisantes:

Tienes razón, muy apetecible no parece. Tal vez podríamos utilizar un cuento. Tengo cuentos con guisantes que son geniales: Elefante un guisante, Uno como ninguno… espera, que tenemos el cuento perfecto, uno al que podríamos darle la vuelta. ¿Conoces el cuento de La Princesa y el guisante?.

Rocío contestó que no, algo que me hizo sentir de repente mayor (lo soy) pero que al mismo tiempo me dio la oportunidad de contárselo por teléfono… y contar cuentos por teléfono siempre hace que de golpe llegue a mi cabeza Gianni Rodari. Así que teníamos todos los ingredientes para una buena sopa: “un objetivo, un juego, un cuento y gramática de la fantasía”.

Le di la vuelta al cuento clásico. Lo puse en negro sobre blanco. Lo grabé en un audio de whatsapp y se lo pasé a las chicas y a mi hermana mayor (la investigadora de la familia). Y gracias a que ellas escucharon, no pienso parar de contarlo. Ahora además lo hemos puesto en la web del 11F para que todo el mundo pueda leerlo: La científica y el guisante

La Noche de los investigadores nos sorprendió. No paramos de contar científicas. Las personas se acercaban a nuestro rincón intrigadas. Personas de todas las edades.

Tendríais que haber visto la cara de unos jóvenes investigadores del ICMA cuando les conté que entre nuestras científicas teníamos a “La Reina del carbono”.

O la cara que se me quedó a mi cuando aquella niña de 6 años que estuvo con nosotras hasta que encontró todos los guisantes me dijo:

“A ver, ¿cuál es de verdad tu favorita? Me has dicho que Maria Merian es tu favorita, que Madam Curie es tu favorita, que Gerty Cori también lo es…

A veces la mejor forma de contestar es hacer una pregunta.

Mirándole a los ojos le pregunté con cara de inocencia:

“¿Solo se puede tener una favorita?”

y ella sonrió.

Fue esa sonrisa. Así fue como hace ya casi un año en la Noche de los investigadores en Zaragoza me convertí en #cuentacientíficas.