La abuela Julia siempre llamaba un día antes de todos los eventos importantes: “Así ya lo tengo hecho hija, que mañana estarás muy ocupada”. Y a mi me encantaba hablar con ella.

Hoy habría llamado. Mañana es 11 de febrero, el Día Internacional de la Mujer y la Niña en la ciencia. Y aunque no era uno de nuestros “días importantes”, hace tiempo que la imagino escribiendo la fecha en esa libreta que tenía, con las de todos los nacimientos, aniversarios de boda, santos, bautizos y otras cosas que quería recordar.

En noviembre me encontré a Julia Herrero al salir del concierto de James Rodhes en Zaragoza. Nos habíamos conocido en las Jornadas D+i de divulgación innovadora. Lloramos de risa juntas al ver el Telecienciario en directo… y eso, une mucho. El caso es que Julia me miró y me dijo: “Águeda, tú que estás en todas partes, ¿te animas a unirte a 11defebrero.org?”. Y me hace gracia recordarlo así, aunque seguramente sus palabras no fuesen esas. El caso es que le dije que encantada, que me chiflaba la iniciativa y que podía contar conmigo. Lo vi enseguida como una oportunidad de aprender y de poner mi granito de arena al cambio.

Y aunque en ese momento no caí, es curioso que sea gracias a una mujer que se llama Julia. Mi abuela Julia quería ser médica, pero no pudo, porque la medicina “no era una carrera de mujeres” y fue mi prima Julia la que me recordó en diciembre con estas palabras que todos deberíamos ser feministas.

Hoy mientras escribía estas líneas al buscar en google un link he encontrado cuentosparajulia.wordpress.com, de la periodista María Rodriguez @MariaRgez . Y me ha encantado leer ¿Por qué cuentos para Julia? . Y encontrar ahí algo que de alguna manera quedó reflejado en una conversación el miércoles pasado con Marta Macho y Juana Moya. Cómo nos gustaría que de aquí a 10 años las personas, al ver la que se ha montado este año con esto del 11 de febrero, lo vean como algo del pasado, porque ya no sea necesario. Que las opciones sean las misma para todos, que ser mujer científica, física, matemática o ingeniera, no sea raro.

Ayer al volver a casa después de una de las actividades de 11defebrero.org, mi hija pregunta: “Mamá, tú cuando te mueras ¿qué es lo que crees que va a pasar contigo?”, me giro a mirarla y encuentro su cara de curiosidad y la de su hermano pequeño con esos ojos grandes como platos esperando mi respuesta. Respondo con una pregunta y consigo tiempo: “¿Tú que piensas que pasará conmigo?”. Y ella me contesta tranquila y con seguridad “Yo creo que me voy a transformar o en otra persona o en un animal. Y ¿tú? ¿tú qué crees mamá?”. Entonces la imagen de la abuela Julia aparece en mi cabeza, sentada en su sillón, sonriendo ante la ocurrencia de Alicia y mirándome con esa cara pícara de “a ver ahora cómo sales de esta”. Y de repente la respuesta ya no me parece difícil: “Yo creo que me transformaré en recuerdo”. Y a los dos les parece una buena opción para mi, quedamos en que ya pensarán en qué se transforman ellos y seguimos caminando. Llegamos a casa, cenamos, leemos Olvido Sinsentido y soñamos.

Y me despierto temprano, justo a la hora de dejar de procastinar (si no sabes lo que es ya leerás esto después) y escribir por fin algo en este blog personal que poco a poco se va construyendo (aunque no se vea).

A mi cabeza viene ahora el “sea breve doctora” que me dijeron con cariño hace tres días en la primera rueda de prensa de mi vida. Toda una experiencia.

¡Gracias Julia!